
Era la primera vez que uno de los abogados de la empresa me ponía tan cachonda y no podria decirle que no a ninguna de sus peticiones así que siempre que podía nos poníamos cachondos en su oficina y como dos fieras en celo follábamos sobre su escritorio. Me ponía caliente su forma de recorrer mi cuerpo, tocarme y hasta mirarme la cola en los pasillos.
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