25.03.2009

¿Sexo sin amor es posible?

Archivado bajo Sexualidad | Publicado por Friki Gilipollas

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¿Es necesario estar enamorada y que él lo esté para vivir una pasión sin límites? No siempre amamos a quien deseamos, ni deseamos a quien amamos. Y esto a veces crea un cierto mal de conciencia.

La problemática del sexo, como fuerza irrefrenable, ha pasado del más severo de los controles a la más bella de las satisfacciones. Muchas veces el camino hacia el sexo es lo más parecido a una carrera de obstáculos, pero esta vez, morales. Y es que a veces parece que el amor da al sexo una especie de cubierta ética que hace que la vida sexual pueda vivirse sin culpas.

Esa moralidad está constituida por un conjunto de normas que nos dicta lo que está bien hacer y lo que está mal. “Definitivamente está mal tomar al otro como objeto sexual”, nos dictan las convenciones culturales y sociales. Pero llegado el momento de la intimidad ¿quién podría afirmar si es sujeto u objeto de deseo? ¿No se es, acaso, las dos cosas al mismo tiempo?

El deseo por lo que está por venir. Dejarse seducir es un pasaporte a la aventura. Como todo viaje a lo desconocido, implica riesgos y limitaciones a las que una se expone. Abandonar el miedo y dejarse conducir por los territorios inexplorados del erotismo, propio y ajeno, es posible tanto entre un matrimonio como entre un hombre y una mujer que se acaban de conocer.

El deseo aparece cuando no se conoce lo que está por venir. Descubrir el secreto que se esconde debajo de los atuendos cotidianos es una invitación al placer. Es tomarse vacaciones de la realidad, y dar lugar a las fantasías.

Cuando se produce un encuentro con un desconocido…
lo previsible queda absolutamente de lado, nada sabemos de ese otro: sólo que nos resulta atractivo y nos provoca ese “extraño cosquilleo”. ¿Quién pude negar la jovialidad que imprime en nuestro ánimo sentirse deseado por la persona que nos gusta? Se necesita un poco de suspenso, aceptar el desconocimiento de esa “verdad” que será revelada en unos momentos. Esperar con ansias el instante de la revelación, de la experiencia mística de lo extraño.

Vía | DERF



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